sábado, 21 de febrero de 2015

TERCER COMENTARIO DE LA ILÍADA

Se pide una tregua y se libra un duelo.

Esta es la edad de bronce: espadas y lanzas de bronce; los guerreros también utilizan arcos y flechas, y cuando fallan estas armas arrojan piedras.  Observad también que sus armaduras están destinadas a asustar al enemigo tanto como a proteger a quien las usa.

Tal vez resulte extraño que el heroico Paris se comporte tan cobarde, y que Héctor, su hermano, así lo proclame.  Pero paris presenta la excusa de la que tanto se sirven los héroes: actúa de acuerdo con los dioses y conserva muy poco dominio sobre sus propios actos.  Priamo no censura a Helena por esta guerra, ni tampoco a Paris o a Menelao: son los dioses quienes han acarreado la desdicha a cada bando.

Iris y Venus o Afrodita aparecen bajo el disfraz de un ser humano.  Ésta es una vieja estratagema de los dioses, ala que recurren frecuentemente.

Venus la diosa de la belleza y el amor, facilitó a Paris el rapto de Helena, y es uno de los favoritos entre los mortales; por lo tanto, tiene que hacer cuanto pueda para protegerle.

Homero emplea frecuentemente el símil o comparación, uniendo frecuentemente los términos comparables mediante la conjunción como: Menelao se paseaba como una bestia salvaje; era feliz como un león hambriento cuando halla una carcasa; Paris retrocedió como un hombre que ha visto una serpiente.  Estos símiles épicos usualmente son bastante prolijos.  El objeto de la comparación se describe generalmente con todo detalle y es una extraordinaria calidad estética.  Estas formas de lenguaje ayudan a que la Ilíada sea más personal, más real y más vívida.


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